Decreto 19/2024, de 27 de febrero, por el que se declara bien de interés cultural la "Villa Romana La Cocosa" en la localidad de Badajoz (Badajoz), con la categoría de zona arqueológica.
Annex I
Caracterización y justificación de la declaración como bien de interés cultural de la zona arqueológica Ubicación: La «Villa Romana La Cocosa», en el sur del término municipal de Badajoz, se enclava en un área de penillanura, dominada por una sucesión de arroyos tributarios del río Guadiana, en un paisaje de dehesa y campos de labor, en los que se alterna el cultivo de secano y el regadío. Se trata de un yacimiento de titularidad pública perteneciente a la Excma. Diputación Provincial de Badajoz. El yacimiento arqueológico se desarrolla en las parcelas 15 y 16 del polígono 215 del término municipal de Badajoz. A la villa se accede desde la carretera EX-315, que une Badajoz con Valverde de Leganés. A escasos metros, una vez sobrepasado el PK 15, a la derecha, se accede a la finca a través de un camino rural que, durante un trayecto de 4 km, conecta con la villa romana. Intervenciones arqueológicas: Los restos arqueológicos de La Cocosa, situados junto al arroyo Hinojales, fueron hallados de forma casual en 1944, por el entonces propietario de la finca, don Luis Mendoza, como consecuencia de las labores agrícolas. Así, se descubrió un importante mosaico polícromo que cubría una estancia en la zona de baños con la imagen de un tritón marino rodeado de diversos peces, actualmente depositado en el Palacio de la Diputación de Badajoz. Un año después de este descubrimiento, y ante la importancia de este, Serra Ràfols realizará trabajos de reconocimiento en el área nororiental de la villa, documentando varias construcciones que identifica como termas, avanzando ya la posibilidad de que se tratara de una villa romana. Constatada la importancia de los restos, se iniciarán las primeras excavaciones a partir de 1945 por iniciativa de la Dirección de los Servicios Culturales de la Excma. Diputación de Badajoz, bajo la dirección de don Esteban Rodríguez Amaya, jefe de los servicios culturales de la Excma. Diputación de Badajoz. A grandes rasgos, los trabajos arqueológicos permitieron descubrir los restos de una villa romana junto a los restos de una basílica paleocristiana situada más al sur. Los resultados de las intervenciones arqueológicas fueron publicados, en 1952, por José de Calasanz Serra Ràfols, quien facilitaría la primera documentación científica acerca de la naturaleza y características del yacimiento. A partir de entonces, la «villa romana La Cocosa» ha constituido una obligada referencia para los investigadores que se han ocupado del estudio del territorio rural en época romana. Excavado el yacimiento se procedió a su vallado, al que le sucedieron algunas campañas de limpieza. Ya en el siglo XXI, continuaron las labores de mantenimiento y limpieza, entre las que cabe resaltar la realizada con seguimiento arqueológico, en 2018, bajo la dirección de Fernando Sánchez. Hasta ahora no se ha podido determinar con exactitud los límites del yacimiento arqueológico, y queda pendiente de revisión de la secuencia ocupacional y el estudio de las distintas fases constructivas de este asentamiento rural que actualmente se expone de manera unilineal. La superficie excavada, actualmente vallada y delimitada, se concentra en dos zonas, un área principal, con una superficie excavada de 9.400 m 2 , ubicada en el polígono 215, parcela 16b, donde se encontraría la villa propiamente dicha, que Serra Ràfols denominó «excavación mayor»; y una segunda zona, de 1.021 m 2 , un área de carácter religioso/funerario, situada en el polígono 215, parcela 15, y que es dada a conocer por Serra Ràfols como «excavación menor». Descripción: En el mundo rural romano, las villas hay que entenderlas como grandes establecimientos agropecuarios ubicados en el campo, que funcionaban como unidades económicas autosuficientes desde las que se explotaba el fundus o terreno circundante, y que abastecían de materias primas y productos elaborados a los núcleos de población próximos. Estos establecimientos, con connotaciones residenciales y productivas, estaban configurados, según los agrónomos antiguos, en partes bien diferenciadas. De un lado, una pars urbana, conformada por una zona residencial o conjunto de dependencias donde residía el propietario de la finca y su familia; y, de otro lado, la pars rustica o área dedicada a las actividades productivas. A estas dos zonas, habría que añadir una tercera zona, denominada «pars fructuaria», destinada a la transformación y almacenamiento de la producción de la villa. En este contexto rural, que muestra una nueva forma de ocupación y organización del territorio, se desarrollaría la «Villa Romana La Cocosa», ocupando unas tierras fértiles, óptimas para el aprovechamiento agropecuario, próxima al arroyo Hinojal, y bien conectada desde el punto de vista de las comunicaciones, por su relación con la calzada que desde Augusta Emerita comunicaba con Olisipo. Por su tipología, la «Villa Romana La Cocosa» pertenece al grupo de las denominadas villa de peristilo, donde el área residencial se articula en torno a un gran patio central o peristylum al que se abren estancias con diferentes funcionalidades. Las excavaciones en el sitio se han centrado en dos zonas claramente diferenciadas, el área residencial (A) y un espacio cultual (B), situada al suroeste del anterior. Área residencial: La zona residencial de la villa se distribuye en una extensa planta arquitectónica en torno a un espacio abierto o peristylum, alrededor del cual se disponen cubicula con diferentes funcionalidades, que van desde espacios destinados a tareas domésticas, como cocinas, hornos, etc, hasta dependencias residenciales. La entrada a la villa se realizaría desde el sur, a través de unas fauces o pasillo franqueado originariamente por dos columnas, conectando con el pasillo porticado sur del peristylum. El peristylum cuenta con un corredor porticado en sus cuatro lados, en cuyo muro de cierre, en su cara interna, se excavaron tres pequeñas fuentes ornamentales, de las cuales se han documentado en la limpieza realizada en 2018 solo dos de ellas. A lo largo de los corredores o pasillos aparecen algunas bases de columnas de granito del pórtico. Destaca, en el lado sur del peristilo, una singular estancia que abre directamente a este patio. Se trata de un espacio rectangular al que se añadió una construcción de planta absidiada donde se excavó restos de lo que podría formar un pequeño hypocaustum, directamente calefactado por un horno. Serra Ràfols lo interpretó como un lugar de funcionalidad desconocida, considerando que no formaba parte del complejo termal. En la sala rectangular, que da acceso a la estructura absidiada, se exhumaron restos de una construcción anterior. La disposición de esta sala semicircular, claramente integrada en un espacio preexistente de planta rectangular, así como su localización directamente unida al peristilo, lleva a pensar que se trate de una sala caliente sin relación con el espacio termal, ya que carece de cualquier tipo de canalización, o baño. Las dependencias situadas en el lado oriental del peristylum, (enumeradas en el plano de Serra Ràfols con los números 50-56) han sufrido han sufrido notables transformaciones con respecto a su estructura original, correspondiendo estas a una fase de reformas de la villa, cuando se crean las termas. Destaca, en el ángulo noreste, una habitación de grandes dimensiones, una de las principales estancias de la villa, pavimentada con un mosaico de opus tesellatum, con decoración geométrica en blanco y negro y medallones polícromos de tema animal y floral. Probablemente se trata del triclinium, si bien Serra Ràfols lo identificó como el oecuc. Entre las habitaciones dispuestas en el lado oriental del peristilo y las termas, se dispone una interesante estancia de planta cuadrada de 6,5 x 6,6 m. con un ábside al lado norte y otro ábside al sur. El ábside norte, estaba separado de la nave por un estrecho corredor transversal cuya función es desconocida. En el ábside sur, se halló una sepultura. La asociación de este edificio al culto cristiano, como se planteó en los primeros momentos por Serra Ràfols, actualmente ha sido cuestionada. Otra estancia o nave rectangular de 4,7 x 5,5 m. con un ábside al lado norte, presenta en su interior una sepultura, expoliada ya de antiguo. Ambas habitaciones parecen ser mausoleos construidos en época tardoantigua. Situado en el sector más oriental del conjunto residencial, se encuentra el balneum o termas privadas de la villa, abastecidas mediante un acueducto que traía el agua desde el vecino arroyo Hinojales, con una alineación norte-sur, que se conserva en su tramo final entrando claramente en las termas. La fachada occidental de las termas se desarrolla hacia el espacio que ocupa la villa, hacia un patio cuadrangular de 17 m de lado, donde algunos siglos después se construirá la dependencia doblemente absidal anteriormente descrita, interpretada por Serra Ràfols como una basílica cristiana. El complejo termal presenta planta axial, de manera que un eje define todo el desarrollo longitudinal del balneario. La entrada se realizaría por una primera sala o vestíbulo que daría paso al apodyterium (5,20 m x 5,90 m), cuyo pavimento estaba revestido de opus signinum rematado en media caña. Desde aquí se entraría en el frigidarium, de planta rectangular (8,40 m x 5,70 m), cuyo pavimento cubría un mosaico que en su cuadro central acogía la figura de un tritón marino, con las paredes revestidas con placas de mármol. Se trata del Mosaico del Tritón, situado en el tepidarium de las termas según Serra y Ràfols (1952), si bien otros autores como García Entero (2006), lo ubican en el frigidarium. Siguiendo el estudio que realiza Álvarez Martínez (1983), se trata de una composición de tema marino, incompleto, cuya figura central es un tritón en actitud de marcha a derecha, con un timón en la mano y haciendo sonar una biccina. Esta obra pertenecería a un periodo de transformación de la villa, pudiendo ser atribuida la ejecución del mosaico, sin excesivos problemas, a un mosaísta ambulante que trabajase en la zona durante el siglo I V d. de C. El frigidarium tenía al norte una piscina (3,68 m x 4,75 m y 1 m de profundidad) con tres escalones de acceso, completamente revestida de opus signinum. En el ángulo noreste de la piscina todavía es posible observar un tubo cerámico encastrado que permitía la salida del agua. En el frigidarium existen también dos pequeñas piscinas de agua fría situadas en la pared este. La primera de ellas se encuentra en buen estado de conservación, presentando una estructura octogonal, en el interior de la cual se construyó un baño (1,80 m x 1,50 m), totalmente revestido con placas de mármol, que tenía cuatro escalones de acceso y que carece de cualquier tipo de orificio para la evacuación del agua. Paralela a esta primera piscina se disponía una segunda bastante destruida. El frigidarium conectaría directamente con el área caliente, sobre la que no existen datos suficientes que permitan delimitar el tepidarium y el caldarium. La construcción del balneario se situaría entre finales del siglo II d.C. y comienzos del III d.C. Fue objeto de sucesivos cambios que afectaron a su esquema original, lo que queda bien patente en la construcción de las dos piscinas al este del frigidarium y de la pavimentación del frigidarium durante el siglo V d. de C., con el mosaico del tritón. En cuanto a las dependencias de carácter rústico, se sitúan en dos grandes zonas dispuestas al noroeste y al sureste del gran patio central, reservadas a las labores agrícolas y de transformación de los productos (almacenes, molinos de trigo y prensa de aceite): En el sector noroccidental, se disponen un conjunto de estructuras que conforman una pars rustica muy transformada, con almacenes, posible bodega, habitaciones con hogares y una cámara con planta de herradura. En el extremo sureste de la villa se desarrollan dos patios y un conjunto de dependencias destinados al almacenamiento, transformación agrícola y a la producción de aceite; aparecieron fragmentos de dolia y piedras de apoyo para una prensa, bien de aceite o vino. Conjunto arquitectónico cultural: A unos 250 metros hacia el suroeste, se desarrolla un conjunto arquitectónico que consta de un mausoleo de planta rectangular, compartimentado en tres ámbitos al interior. La entrada en el oeste da acceso a un estrecho vestíbulo transversal, cuyos extremos norte y sur están redondeados y por cuya puerta central, situada al este, se accedía al gran espacio central tetralobulado. Al fondo de la cámara se descubriría, en un nivel inferior, una cripta derrumbada con un sarcófago liso de mármol blanco, con una orientación este-oeste, que contenía restos humanos. A este mausoleo se le añaden habitaciones en su lado sur, conteniendo la central un baptisterio de planta rectangular (1,52 x 0,58 x 0,57 m medidas interiores) revestido de hormigón hidráulico. Por el lado oeste se abre un pasillo en codo que comunica con un conjunto de estancias situadas al norte de la capilla funeraria o mausoleo. Las estancias situadas al norte del mausoleo, denominadas por Serra Ràfols como «la casa de la excavación menor», se ordenan a modo de triple cabecera de habitaciones rectangulares, orientadas al este, y que abren por el oeste a un pasillo transversal que, a su vez, tiene su ingreso directo por una estancia, también occidental, englobada en otro ámbito mayor no definido, y situada en eje con la cámara central de la cabecera, Esta habitación central es más ancha que las laterales y elevada 7 cm del resto. Abre en toda su anchura a la nave transversal, y en los dos lados de su entrada, hay unos entrantes semicirculares de 30 cm. de diámetro que pudieron albergar las columnas sustentantes de un arco triunfal de entrada. Comunica con la cámara norte por dos escalones que descienden. Ambas estancias presentan señales de fuego. Todos estos espacios están pavimentados con hormigón hidráulico. Sastre de Diego (2010), quien realiza la descripción que recogemos, indica que resulta sugerente proponer un uso cultual para este espacio, si bien para confirmar o descartar esta hipótesis, habría que realizar la excavación total de este conjunto. Enrique Cerrillo (1983) estima la posibilidad que estas estructuras formasen un edificio religioso, conformando el testero recto de una iglesia. En esta zona apareció el resto de un tablero de mármol blanco con vetas grises, depositado en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, cuya importancia radica en su tipología, siendo el único ejemplo de tablero de altar panonio, conocido en la Península Ibérica, y que se data en el siglo VI (Sastre de Diego, 2010). En cuanto a la cronología, Serra Ràfols (1952) fecha la capilla funeraria entre finales del siglo VI o comienzos del VII por su filiación bizantina, mientras que el tipo de baptisterio, por su «rudeza», lo supone de un momento tardío, hacia la segunda mitad del s. VII. Cronología: Aunque el conjunto arquitectónico descrito (A y B) está parcialmente excavado, los materiales extraídos durante los trabajos arqueológicos realizados, en 1945, por Serra Ràfols documentan su amplia utilización en el tiempo. La villa fue ocupada entre el siglo I d.C. y los siglos VI-VIII d.C. La fundación de la villa hay que situarla, a tenor de los hallazgos materiales –sobre todo cerámicos (terra sigillata hispánica, paredes finas emeritenses, lucernas de volutas)–, hacia mediados/finales del siglo I d.C., momento en el cual se construye una residencia articulada en torno a un gran patio columnado o peristilo y a su alrededor se encuentran las habitaciones principales. Durante el siglo III se producen reformas, hecho que se constata fundamentalmente con la edificación de las instalaciones termales en el ala este del complejo. Será esta una de las partes más significativas de la villa, unas termas de carácter privado o balneum. La villa mantendría un uso principalmente residencial durante los siglos I y IV d.C., momento a partir del cual se suceden las reformas más radicales, transformándose sustancialmente el sitio y pasando a tener un uso más rústico y menos señorial. A estos momentos, situados en la primera mitad del siglo IV d. de C., según Álvarez Martínez (1983), se podría adscribir la decoración del artesonado de la estancia, en estuco, con elementos florales y unas cabezas, conservados en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, que pueden corresponder, según este autor, a personajes de la Comedia Nueva Latina, y que son muy semejantes a las descubiertas en la «Casa de los Estucos» del barrio central de Djemilla. A este periodo de transformación de la villa, puede ser atribuida también la ejecución de la pavimentación de una de las estancias del balneum con el mosaico del Tritón. Los mausoleos documentados en el interior de la villa pueden situarse en época tardoantigua entre los siglos VI-VIII d.C. (Sánchez Hidalgo, 2018), e incluso, a unos 250 metros de la villa, se erige una iglesia de culto cristiano que cuenta con baptisterio e instalaciones anejas. En definitiva, nos encontramos con un área ocupada desde inicios del S. I d C, que pudo alcanzar su máximo de esplendor en el IV d.C., en el que se databan los mosaicos y otras estructuras de adorno que se relaciona con dicho auge.