Resolución de 12 de agosto de 2026, de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes, por la que se incoa expediente de declaración de bien de interés cultural a favor de la «Cruz», sita en la plaza de América de Cáceres, con la categoría de monumento.
Annex I
Caracterización y justificación de la declaración como bien de interés cultural
1. Investigaciones e introducción histórica
Rina Simón ya se ocupó de la Cruz de los Caídos en su estudio de 2012 en el que lamentaba la pérdida de la documentación, sobre todo gráfica, relacionada con ella. Algo reiterado poco tiempo después por Jiménez de Cisneros Taratiel, investigador en este campo que reitera lo señalado por Rina Simón. En el Archivo General de la Administración, consultado el fondo de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de FET-JONS, donde se localizan los expedientes de todas las cruces de España, tampoco se ha localizado información alguna sobre la de Cáceres. En septiembre de 1937, el Diario Hoy recogía en uno de sus titulares que «La Palmatoria [como así se conocía a la fuente que existía en el lugar escogido para la cruz] de la plaza de América, será sustituida por una Cruz en homenaje a los caídos de Cáceres». De este modo se anunciaba el acuerdo adoptado por el Ayuntamiento en sesión de ese mismo día 25 y se adelantaban algunas características que habría de reunir el monumento: «…cruz de piedra [que] llevará por un lado una inscripción que dirá “A los hijos de esta ciudad que dieron su vida por España, Una, Grande y Libre”. Y por el otro lado, otra en la que se diga: 18 de julio de 1936. Saludo a Franco. Arriba a España». Sólo un mes después, el 3 de octubre de 1937, el Diario Hoy publicaba que el alcalde de Cáceres, Narciso Maderal Vaquero, había firmado ya el contrato para la construcción de la Cruz que «en homenaje de los caídos hijos de la provincia de Cáceres, se alzará a la entrada de la población, en la Plaza de América» Sería el ayuntamiento de Cáceres el que sufragaría su construcción (su importe total ascendió a 28.041,35 pesetas), «sin haber apelado a donativos particulares» como recoge la prensa, fórmula ésta frecuente. La inauguración tendría lugar siete meses más tarde ante la presencia de Pilar Primo de Rivera.
2. Descripción histórico-artística
Su diseño ha sido atribuido al arquitecto municipal cacereño Ángel Pérez, a quien se deben destacados inmuebles y otros monumentos de la capital cacereña realizados en un momento en el que el impulso dado a la construcción fue definitivo para que Cáceres comenzara a cambiar su imagen: casa de los Picos, monumento al Regimiento Argel, entre otros. Este tipo de monumentos se había generalizado una vez finalizada la I Guerra Mundial. Su prototipo lo constituyó una cruz, elemento simbólico cristiano de larga tradición en las representaciones artísticas de la civilización occidental, principalmente ligado al catolicismo y con la que se evocaba a los Caídos, bien como héroes o como mártires. Hubo algunas propuestas de monumentos con obeliscos e incluso con otras fórmulas que fueron rechazadas, y excepcionales, ante el predominio de la Cruz. En algunos casos, realizadas incluso con materiales perecederos, como la madera, aunque el habitual fue la piedra. Muchas incluso incorporaron altares, coronas de laurel, cadenas y farolas o jardines, como en el caso de la de Cáceres respecto de estos últimos. La de Cáceres fue una de las primeras cruces en construirse en toda España y en Extremadura. Sus características formales coincidirían con las que poco después, respecto a los materiales y la estética para con este tipo de monumentos, establecería la Comisión de Estilo en las conmemoraciones de la Patria, creada en febrero de 1938, sólo dos meses antes de la conclusión del monumento cacereño. Las prescripciones recogidas en diversas órdenes promulgadas para regular estos monumentos funerarios, en agosto de 1939 y 30 de octubre de 1940, provenían del Ministerio de la Gobernación y su Dirección General de Propaganda. También estuvo implicada la Dirección General de Arquitectura, a la que correspondería elaborar un informe técnico y artístico sobre las propuestas presentadas. Del Arco se refiere a un período de «fiebre conmemorativa» por el número de cruces construidas entre 1939 y 1942, documentando setenta y dos proyectos de construcción, de los cuales sólo cuatro fueron anteriores al final de la guerra, entre ellos el de Cáceres. Y señala que el coste de la mayoría de estas cruces fue asumido por los ayuntamientos, como así fue también en el caso de la de Cáceres. La Cruz de los Caídos de Cáceres presentará rasgos de clasicismo, austeridad y monumentalidad. Rasgos que por otro lado la aproximan a un racionalismo arquitectónico que ya se dejaba sentir en la ciudad y por ejemplo se proyectó en la recién inaugurada Escuela Normal del Magisterio, dos años antes de la Cruz de los Caídos de Cáceres, con proyecto arquitectónico de la Oficina de Construcciones Escolares de la II República. Formalmente la cruz de Cáceres es muy simple en sus formas, aunque no en su dimensión, que es monumental. Obedece a las pautas estéticas descritas. Como del Arco señala, citando los trabajos de Sambricio o Llorente, parece responder al ideal de «…arquitectura clásica, monumental e imperial». Esta descripción formal que la vincula históricamente con las construcciones y hechos históricos de época imperial española de la edad moderna e incluso con la antigüedad clásica, fue habitual en las representaciones de las dictaduras y regímenes totalitarios, no exclusiva del franquismo. Esa grandiosidad no es exclusiva del monumento y se extendió también al espacio urbano generado en torno a él y que respondía igualmente a un plan arquitectónico y urbanístico preconcebido para ensalzar al régimen. No se entendería esa Cruz en otro contexto urbano o perdería parte de sus rasgos definitorios si así fuera. La decisión de ubicar la Cruz de los Caídos de Cáceres, en el límite de la ciudad dirección Mérida, en la conocida ya como plaza de América, se debió a la Comisión Gestora del Ayuntamiento presidida por su alcalde Maderal, como recoge el Diario Hoy de 26 de mayo de 1938. Así pues, la construcción de la Cruz de los Caídos de Cáceres se produjo en zona alejada de la que acaparaba y concentraba la mayor parte de la actividad diaria en la ciudad, la calle de Pintores y la Plaza Mayor. Al tiempo que la Cruz se está levantando, se consolidaba otra importante vía urbana en la ciudad, la conocida a principios de los años treinta como avenida de Mayo y que pasará más tarde a llamarse, en esa misma década, avenida de la Montaña. Hasta donde hoy se localiza ésta, alcanzaba la primera fase de desarrollo del Cáceres de esa época, que había crecido fundamentalmente de forma horizontal y que continuaría su ensanche hacia el SW, a través del eje definido por el Paseo de Cánovas y hacia la estación de ferrocarril. Sería a medio camino entre ambos, y en un lugar estratégico en cuanto cruce de caminos y punto de encuentro de carreteras como la de Mérida, Badajoz, Medellín o Salamanca, donde se ubicó la Cruz, pronto rebasada por el crecimiento que la ciudad experimenta por esa zona a finales de la década de los cuarenta. De hecho, prácticamente desde los inicios del nuevo régimen, se estableció un calendario de celebraciones para honrar a los Caídos con la Cruz y su entorno de plazas amplias y diáfanas como lugares escogidos para la celebración. No obstante, parece que este tipo de conmemoraciones decae a finales del denominado periodo de autarquía. A principios de la década de 1970 se propuso el traslado de la Cruz a otro lugar (el conocido hoy como Cerro de los Pinos) ante el crecimiento y avance urbanístico de la ciudad por esa zona, en donde había perdido toda su monumentalidad y se había visto rebasada en altura, y de forma considerable, por diferentes bloques de viviendas aledaños. En la prensa de la época, la descripción que se hizo entonces de la propuesta: «…se ha pensado (…) en la posibilidad de que la citada cruz se traslade a otro emplazamiento, estimándose como el más idóneo, el Cerro de Cabeza Rubia (…)». Incluso se llega a decir que la Cruz ha perdido su «bagaje emocional». Años más tarde, en 1984, el ayuntamiento cacereño, presidido por el alcalde Juan Iglesias Marcelo, planteó la retirada de la placa conmemorativa con la inscripción original situada en el pedestal de la Cruz de los Caídos. La decisión fue disputada, aprobándose finalmente su sustitución por otra con el texto: «La ciudad de Cáceres en memoria de sus hijos muertos por la Patria». Este proceso de resignificación se inscribe en un contexto más amplio de actuaciones similares desarrolladas en España desde los primeros años de la Transición democrática. En el caso de la Cruz de los Caídos de Cáceres, dicha intervención resulta fundamental para comprender su posterior proceso de patrimonialización, al haber permitido desvincular su lectura pública de los elementos explícitos de exaltación franquista y favorecer su permanencia en el espacio urbano hasta la actualidad, así como su posterior reconocimiento en la normativa urbanística municipal.